Lo miró. La miró. Sonrieron. Hasta el beso en la mejilla; todo le pareció natural, incluso esas miradas cómplices de a ratos. Ingenua ella que no veía los sentimientos. Como quien no quiere la cosa, como quien habla con el verdulero, el chino del super o el diariero, ahí estaba ella parada ante la persona que se robaría sus pensamientos día y noche de cada jornada antes del próximo encuentro. Un flash, un impass en el tiempo que sólo la dejó muda. Muda de la sorpresa de saber que con una mirada le había robado el corazón.
Los días siguientes fueron iguales, más capítulos de un mismo sueño, tal vez más fugaces. Cada momento juntos detenía el tiempo y a su vez lo acortaba. Le parecía inexplicable estar ante tanto amor en un solo ser. Y lo veía, lo sentía, lo olía, lo respiraba; lo oía desde los latidos de su corazón. Era un boom en la vida de una mujer que siempre amó más a los animales que a las personas. Rompía sus esquemas, sus estructuras, su fortaleza. Ella había jurado no permitirse sentir así y sin embargo lo hizo. Y sí, como toda mujer: valiente, arriesgada y audaz.
El tiempo hizo lo suyo sin dudar. Él se fue, ella desapareció. Ella sueña con él cada noche y de alguna forma, sabe que él también. No saben si volverán a amarse pero en el fondo decidieron no renunciar a ser los protagonistas de esta historia.
Otra historia triste, como todas las de amor.
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3.13.2013
9.22.2012
Aprendí
Aprendí a separar las cosas, a darle a cada una su lugar, su tiempo, su espacio. Aprendí la importancia de los afectos, de las virtudes y los errores. Aprendí a soñar, a buscar la felicidad en las pequeñas cosas del día a día y sobre todo, aprendí que si vos no buscás tu propia felicidad, nadie te la va a traer.
Aprendí que si querés algo, tenés que buscarlo, y que si no se da, no debía ser. Aprendí que no todos son amigos pero que tampoco todos son enemigos. Aprendí que la confianza y la comunicación son la base de cualquier relación y que si no hay amor, que no haya nada. Aprendí a querer, a compartir y a dar todo a cambio de nada. Aprendí a no esperar nada de nadie porque quien espera, desespera, y puede desilusionarse. Aprendí a creer en mí misma y en mis objetivos, a conseguir lo que quiero, cueste lo que cueste, y que el límite es el infinito.
Aprendí que la vida no tendría sentido si hacemos las cosas pensando que nunca vamos a conseguir lo que queremos, aprendí a luchar. Aprendí que la mentira tiene patas muy cortas y a no jugar si lo único que quiero es ganar. Aprendí a respetar, tolerar y expresar. Aprendí a sentir, a pensar.
Tantos años, tantas dudas, tantos lamentos; tantas alegrías, tristezas y porvenires pasaron, que de algo estoy segura: Al fin y al cabo valió la pena, porque aprendí.
Aprendí que si querés algo, tenés que buscarlo, y que si no se da, no debía ser. Aprendí que no todos son amigos pero que tampoco todos son enemigos. Aprendí que la confianza y la comunicación son la base de cualquier relación y que si no hay amor, que no haya nada. Aprendí a querer, a compartir y a dar todo a cambio de nada. Aprendí a no esperar nada de nadie porque quien espera, desespera, y puede desilusionarse. Aprendí a creer en mí misma y en mis objetivos, a conseguir lo que quiero, cueste lo que cueste, y que el límite es el infinito.
Aprendí que la vida no tendría sentido si hacemos las cosas pensando que nunca vamos a conseguir lo que queremos, aprendí a luchar. Aprendí que la mentira tiene patas muy cortas y a no jugar si lo único que quiero es ganar. Aprendí a respetar, tolerar y expresar. Aprendí a sentir, a pensar.
Tantos años, tantas dudas, tantos lamentos; tantas alegrías, tristezas y porvenires pasaron, que de algo estoy segura: Al fin y al cabo valió la pena, porque aprendí.