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3.13.2013

People always leave

Lo miró. La miró. Sonrieron. Hasta el beso en la mejilla; todo le pareció natural, incluso esas miradas cómplices de a ratos. Ingenua ella que no veía los sentimientos. Como quien no quiere la cosa, como quien habla con el verdulero, el chino del super o el diariero, ahí estaba ella parada ante la persona que se robaría sus pensamientos día y noche de cada jornada antes del próximo encuentro. Un flash, un impass en el tiempo que sólo la dejó muda. Muda de la sorpresa de saber que con una mirada le había robado el corazón.
Los días siguientes fueron iguales, más capítulos de un mismo sueño, tal vez más fugaces. Cada momento juntos detenía el tiempo y a su vez lo acortaba. Le parecía inexplicable estar ante tanto amor en un solo ser. Y lo veía, lo sentía, lo olía, lo respiraba; lo oía desde los latidos de su corazón. Era un boom en la vida de una mujer que siempre amó más a los animales que a las personas. Rompía sus esquemas, sus estructuras, su fortaleza. Ella había jurado no permitirse sentir así y sin embargo lo hizo. Y sí, como toda mujer: valiente, arriesgada y audaz.
El tiempo hizo lo suyo sin dudar. Él se fue, ella desapareció. Ella sueña con él cada noche y de alguna forma, sabe que él también. No saben si volverán a amarse pero en el fondo decidieron no renunciar a ser los protagonistas de esta historia.


Otra historia triste, como todas las de amor.

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